Italia es un país de campings por tradición: los veraneos al aire libre llevan generaciones en el Lago de Garda, la Riviera adriática y la Toscana, y la oferta cubre desde villages gigantescos con piscinas y animación hasta campings agrícolas en mitad de los olivos. Acampar en Italia es acampar entre patrimonio, gastronomía y paisajes que cambian de región a región.
El norte concentra los grandes clásicos. El Lago de Garda combina aguas turquesas, pueblos como Sirmione y Lazise y una temporada larguísima; el Trentino y el Alto Adige suben a los valles alpinos y las Dolomitas, con campings de montaña perfectos para senderismo y bicicleta. La Riviera adriática —Romagna sobre todo— es la capital europea del camping village: kilómetros de playa con servicios para toda la familia.
El centro y el sur tienen su propio ritmo. La Toscana une colinas, ciudades de arte y costa; la Umbría y los Abruzos ofrecen montaña auténtica y precios tranquilos; la Costa Amalfitana y la Apulia presumen de un mar difícil de creer, y las islas —Cerdeña, Sicilia, Elba— guardan algunas de las mejores calas para acampar del Mediterráneo.
La comida es otro motivo de viaje: pizza al taglio, mercados de pueblo, gelaterias a la salida del camping y vinos que cambian de nombre con cada provincia. Muchos campings italianos tienen restaurante propio, piscina y bungalows, y en el sur es fácil encontrar camping agrícolo: parcelas sencillas entre viñedos y almendros, con productos locales a la venta.
Con tienda, caravana o autocaravana, Italia se recorre muy bien: la temporada alta va de junio a agosto, muchos campings del sur abren hasta octubre y los del Garda casi todo el año. Para el viajero español, es la escapada clásica por carretera: Alpes, lagos y playa en un mismo viaje.