Francia es el país con más campings de Europa, y se nota: hay camping junto a cada playa, cada valle y cada pueblo con encanto. Desde los pinares de las Landas hasta los acantilados de Normandía, acampar forma parte de la cultura francesa de vacaciones, y la red de establecimientos es tan extensa como variada en categorías y precios.
La costa atlántica es uno de los grandes destinos: la Bretaña de calas y faros, la duna de Pilat junto a la bahía de Arcachon y las playas interminables de la Vendée concentran campings familiares con acceso directo al mar. En el sur, la Costa Azul y el Languedoc ofrecen temporada larga y aguas cálidas, mientras que Córcega combina montaña y calas transparentes a un ferry de distancia.
El interior no se queda atrás. El valle del Loira permite dormir entre castillos, la Dordoña es un clásico del piragüismo y los pueblos medievales, y los Alpes y los Pirineos llenan de campings sus valles para el senderismo en verano. La Provenza suma lavanda, mercados y luz mediterránea, y la Alsacia una ruta del vino que se recorre muy bien en autocaravana.
La gastronomía es motivo de viaje por sí sola: quesos, vinos, ostras del Atlántico y mercados semanales en cada pueblo. Muchos campings franceses cuidan especialmente los servicios —piscinas, restaurante, animación para niños— y la figura del camping municipal, sencillo y económico, sigue muy viva en el mundo rural.
Con tienda, caravana, autocaravana o bungalow, Francia es la escapada natural para el viajero español: se llega por carretera, la temporada va de Semana Santa a octubre en buena parte del país y la oferta es tan amplia que siempre hay una parcela esperando.